martes, 13 de mayo de 2014



"El Pastor da la vida por sus ovejas"

El pasado domingo 11 de mayo, se celebro a Jesús como buen Pastor.  Nuestra comunidad a lo largo de estas semanas ha vivido una serie de acontecimientos que nos han hecho reflexionar sobre nuestra vocación y nuestro carisma; buscando mejorar y seguir caminando hasta llegar a esa meta que queremos. Esa configuración con nuestro Señor y Maestro.

Nos hemos dado cuenta que la verdad no solo nos hace libres, sino que es la puerta por la cual deben de entrar las ovejas (aquellas personas que han sido puestas a nuestro cuidado). Si en el seguimiento de Cristo, los Lideres Religiosos, Padres de Familia, Maestros, Gobernantes, etc. no somos esos Buenos Pastores que que hablamos, y damos buen testimonio de la verdad, seremos esos ladrones asalariados que no solo dañamos a la comunidad, sino que hacemos que la Iglesia y la sociedad siga en la crisis en la que se encuentra metida desde hace mucho tiempo.

Cuando uno sabe dar buen testimonio de nuestra vida, las ovejas jamás escucharán nuestra voz y mucho menos nos seguirán. Por tal motivo la Sociedad del Buen Pastor, nos hemos dado a la tarea de renovarnos; aprender de nuestros errores y buscar cumplir con lo que el Señor nos ha inspirado. 

Nos encomendamos a Nuestro Señor Jesucristo, Buen Pastor, y a Nuestra Santísima Madre, Santa María de Guadalupe, Rosa Mística; para que esta nueva etapa de nuestra obra de frutos abundantes para la Mayor Gloria de Dios.

martes, 8 de enero de 2013


EL DISCIPULADO EN EL EVANGELIO DE MARCOS

En el evangelio de San Marcos, Jesús aparece con un rostro muy humano y nos invita a que mediante una convivencia muy íntima, descubramos quien es.

Un texto muy importante en este tema es el de (Mc. 3,13). En este texto, es donde encontramos el secreto del discipulado, “Lamo a los que él quiso”. En el momento en que nos llama, nos muestra un camino muy especial al discipulado, y este es el estar con él.

El estar con él significa seguirlo a donde quiera que él vaya, así como un maestro que se rodea de sus alumnos; es estar a sus pies escuchando su palabra y su doctrina. Ser su discípulo, es estar en constante formación. No es algo como ir a la escuela y recibir un título, sino que es tener esa experiencia íntima con él, siguiéndolo, obedeciéndolo y amándolo.

El formarnos a los pies de Jesús, implica dejarnos guiar, corregir y tratar de aprender de su ejemplo, es estar con él para conocerlo y tener un cambio profundo en nuestra vida. Esta experiencia de compartir la vida con él, provoca que logremos un crecimiento personal y espiritual lleno de sabiduría basada en su doctrina.

Por amor Jesús nos llama y nos elige para estar con él y solo nos pide una respuesta generosa para hacer de su vida nuestra vida.

Finalmente otro aspecto importante que se descubre en el evangelio de Marcos, es el hecho de la vida en comunión y hermandad con la comunidad, viviendo como una verdadera familia que escucha la palabra y la pone en práctica a similitud de sus apóstoles.

miércoles, 26 de diciembre de 2012


ESPIRITUALIDAD E IDENTIDAD SACERDOTAL PARA UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Tiempo de gracia en un mundo que cambia. El misterio de la Encarnación del Hijo de Dios indica que Cristo vive nuestras circunstancias históricas: «habitó entre nosotros» (Jn 1,14).

El hombre de hoy siente la necesidad de vivencia, experiencia y transcendencia. Es, pues, un hombre que pregunta sobre:
  El sentido de la vida, la dignidad de la persona (trabajo, cultura, convivencia), de la historia humana.
·         El sentido del dolor, de las injusticias, de la pobreza, del mal, de la muerte...
·         El sentido del progreso y de los adelantos, comunicación de bienes con toda la humanidad.
·          El sentido de la transcendencia y del más allá como base del misterio del hombre.
·          El sentido del pensamiento humano que ha fraguado innumerables ideologías (muchas de ellas válidas, pero todas variables y pasajeras) sobre el misterio del hombre.
·          El sentido de las normas morales (ética) para la conducta personal, familiar, social, política, económica, internacional.

Este hombre que quiere ver, pesar, medir, experimentar, no deja de pedir espiritualidad. El espíritu del cristianismo sólo puede ser presentado por apóstoles auténticos que lo hayan experimentado en sus propias vidas como encuentro con Cristo. La sociedad moderna necesita ver signos claros del Evangelio.

UNA IGLESIA SOLIDARIA DE LOS GOZOS Y ESPERANZAS
La espiritualidad cristiana y sacerdotal es eminentemente eclesial. La Iglesia (ecclesia) es la comunidad humana convocada por la Palabra o anuncio del evangelio para celebrar el misterio pascual de Cristo y transformar el mundo según el mandato del amor.

La Iglesia se llama misterio o sacramento porque es signo transparente y portador de la presencia de Cristo resucitado (Ef. 3,9-10; 5,32). Se llama también comunión (koinonía) porque está constituida por hermanos que se aman en Cristo. Su objetivo es la misión, en cuanto ha sido fundada para ser enviada a evangelizar o anunciar la buena nueva a todos los pueblos.

La Iglesia está insertada en el mundo como:
1.      Cuerpo o expresión visible de Cristo resucitado (Col 1,24; Ef. 1,23).
2.       Sacramento (misterio) o signo portador y eficaz de Cristo resucitado presente (Ef. 3,9-10).
3.      Esposa o consorte, fiel y comprometida en la misma suerte de Cristo (Ef. 5,25-27; 2Cor 11,2).
4.      Madre como instrumento de vida en Cristo y vida en el Espíritu (Gál 4,4.19.26).
5.      Pueblo como propiedad cariñosa de Dios y signo de lo que deben ser todos los pueblos (1Pe 2,9; Apoc 1,5-6).
6.      Inicio del Reino de Dios anunciado por Cristo, que ya habita en los corazones (dimensión carismática), que está presente en la Iglesia (dimensión institucional), y que un día será encuentro final o plenitud en el más allá (dimensión escatológica) (Lc 10,9; 11,2; 17,21; LG 5).

Esta Iglesia, fundada y amada por Cristo, es, por su misma naturaleza, solidaria de los gozos, de las angustias y de las esperanzas de toda la humanidad (GS 1), como «llamada a dar un alma a la sociedad moderna» (Juan Pablo II, Disc. 11-10-85).

La naturaleza misionera de la Iglesia (AG 2,6,9) enraíza en su mismo ser de «sacramento universal de salvación» (LG 48; AG 1). Cada cristiano según su propia vocación forma parte responsable de esta Iglesia que es, según los cuatro documentos (constituciones) principales del concilio, Lumen Gentium (LG), Dei Verbum (DV), Sacrosanctum concilium (SC), Gaudium et Spes (GS):

·         Signo transparente y portador de Cristo: Iglesia sacramento o misterio (LG 1), Iglesia comunión o pueblo de hermanos y cuerpo de Cristo (LG 2), Iglesia misión y peregrina en la historia como inicio del Reino definitivo, sacramento universal de salvación (LG 7).

·         Portadora del mensaje evangélico para el hombre concreto y para todos los pueblos: Iglesia de la Palabra (DV).

·         Centrada en la muerte y resurrección de Cristo: Iglesia que hace presente en la historia humana el misterio pascual (SC).

·         Insertada en las realidades humanas: Iglesia en el mundo y en la historia (GS).

HACIA UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN
Todo apóstol y especialmente el sacerdote ministro debe afianzar sus «actitudes interiores» (EN 74) para colaborar en una «evangelización renovada» (EN 82), en una nueva etapa de la historia humana. A veces habrá que reevangelizar sectores humanos cuyo cristianismo corre el riesgo de diluirse. Frecuentemente se tratará de emprender «una nueva evangelización»:

·         Nueva en su ardor, por la disponibilidad misionera de los evangelizadores.
·         En sus métodos, por un mejor aprovechamiento de los nuevos medios de apostolado.
·         En sus expresiones, por la adaptación de la doctrina y de la práctica cristiana sin disminuir sus principios y exigencias evangélicas.
En una nueva evangelización, el problema más urgente es el de la renovación de los agentes de pastoral, y especialmente de los sacerdotes ministros. Las «actitudes interiores del apóstol» (EN 74), es decir, «su espiritualidad, con garantía de la autenticidad de la evangelización. Se resumen todas ellas en la fidelidad que crea comunión» (Puebla 384).

SER SACERDOTE HOY. IDENTIDAD SACERDOTAL
La identidad sacerdotal está en la línea de sentirse amado y capacitado para amar. Esta identidad se reencuentra cuando se quiere vivir el sacerdocio en todas sus perspectivas o dimensiones:

1.      Consagración o dimensión sagrada: el sacerdote en su ser, en su obrar y en su vivencia, pertenece totalmente a Cristo y participa en su unción y misión.
2.      Misión o dimensión apostólica: el sacerdote ejerce una misión recibida de Cristo para servir incondicionalmente a los hermanos.
3.      Comunión o dimensión eclesial: el sacerdote ha sido enviado a servir a la comunidad eclesial construyéndola según el amor.
4.       Espiritualidad o dimensión ascético-mística: el sacerdote está llamado a vivir en sintonía con los amores de Cristo y a ser signo personal suyo como Buen Pastor.

El sacerdote está llamado, hoy más que nunca, a ser:

·         Signo del Buen pastor en la Iglesia y en el mundo, participando de su ser sacerdotal (PO 1-3).

·         Prolongación del actuar del Buen Pastor, obrando en su nombre en el anuncio del evangelio, en la celebración de los signos salvíficos (especialmente la Eucaristía) y en los servicios de caridad (PO 4-6).

·         Transparencia de las actitudes y virtudes del Buen Pastor, presente en la Iglesia comunión y misión (PO 7-22).

ESPIRITUALIDAD CRISTIANA Y ESPIRITUALIDAD SACERDOTAL
La espiritualidad cristiana es una vida según el Espíritu. «Caminamos según el Espíritu» (Rom 8,4); «vivís según el Espíritu» (Rom 8,9). Propiamente es el camino o proceso de santidad que consiste en el amor o caridad: «caminar en el amor» (Ef. 5,2).

Cada cristiano se santifica en su propio estado de vida y circunstancia por un proceso de sintonía con Cristo, en el Espíritu Santo, según los designios o voluntad del Padre (Ef. 2,18). Este proceso es de cambio o conversión (en criterios, escala de valores y actitudes) para bautizarse (esponjarse) en Cristo (pensar, sentir, amar como él). Es, pues:

·         Participación y configuración (Gál 3,27: Rom 6,3ss).
·          Unión, intimidad, relación (Jn 6,56-57; 15,9ss).
·         Semejanza, imitación (Mt 11,29).
·         Servicio, cumplimiento de la voluntad de Dios (Mc 3,35; 10,44-45; Jn 14,16).
·         Caridad, vida nueva (Jn 13,34-35; Rom 6,4; 13,10).

Los matices de esta espiritualidad cristiana, común a todos, son muy variados. De suerte que se puede hablar de espiritualidades y escuelas diferentes.

La espiritualidad sacerdotal es sintonía con las actitudes y vivencias de Cristo Sacerdote, Buen Pastor. Por el sacramento del orden, se participa del ser sacerdotal de Cristo. Esta participación ontológica capacita para prolongar la acción sacerdotal del Buen Pastor. La sintonía con la caridad pastoral de Cristo es una consecuencia de la participación de su ser y en su función. La gracia recibida en el sacramento del orden hace posible cumplir con esta exigencia.

Se trata, pues, de una santidad o espiritualidad «según la imagen del sumo y eterno Sacerdote», para ser «un testimonio vivo de Dios» (LG 41). El sacerdote es un «Jesús viviente» (San Juan Eudes), es decir, «instrumento vivo de Cristo Sacerdote» (PO 12), puesto que:

·         Se hace signo viviente de Cristo en el ejercicio del ministerio (PO 12-13).
·         Se hace signo transparente de Cristo viviendo en sintonía o unidad de vida con él (PO 14).
·         Se hace signo del Buen Pastor imitando su caridad pastoral y todas las demás virtudes que derivan de ella (PO 15-17), sin olvidar los medios comunes a toda la espiritualidad cristiana y a los medios específicos de la espiritualidad sacerdotal (PO 18).

Viviendo la espiritualidad sacerdotal, el sacerdote ministro se hace signo creíble del Buen Pastor en un mundo que pide autenticidad (n.1), en una Iglesia sacramento o transparencia e instrumento de Cristo (n.2) y en una nueva etapa de evangelización (n.3), que necesitan sacerdotes fieles a las nuevas gracias del Espíritu Santo (n.4). La identidad sacerdotal enraíza en esta espiritualidad cristológica, pneumatológica, eclesial y antropológica.

Guía pastoral.

·         Reflexión bíblica.
·         Ser coherente con el estreno de la vocación sacerdotal, como encuentro para la misión: Mc 3,13-14; Jn 1,35-51; Mt 4,18-22.
·         Sintonía con la fidelidad de Cristo y los Apóstoles al Espíritu Santo: Lc 4,1.14.18; 10,21; Act 20,22.
·         Vivir los signos de los tiempos siguiendo a Cristo hacia el misterio pascual: Mt 16,2-4; Jn 13,1; Lc 22,15; +GS 4.11.44.
·          Estudio personal y revisión de vida en grupo.
·         Describir y motivar algunas líneas de espiritualidad cristiana y sacerdotal en un mundo que cambia: servicio, comunión, autenticidad, misión... (GS 1-10; EN 76; Puebla 356-359; 378-383).
·         Armonía entre las dimensiones de la vida sacerdotal para una mayor fidelidad a Cristo, a la Iglesia y al hombre (Puebla 484; Medellín XI y XIII).
·         Necesidad actual de espiritualidad profunda para una nueva evangelización en el ardor, métodos y expresiones.
·         Relación entre el ser, el obrar y la vivencia sacerdotal.
UNA NUEVA ERA

CON LA NAVIDAD, INICIAMOS UNA NUEVA ERA EN NUESTRA COMUNIDAD. HEMOS HECHO UNA EVALUACIÓN PERSONAL, Y CONSIDERAMOS QUE ESTE NUEVO CICLO EN NUESTRAS VIDAS DEBE SER ACORDE CON EL GRAN MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN, MISTERIO QUE DEBE SER MEDITADO, ORADO, CONTEMPLADO, PERO SOBRE TODO COMPARTIDO POR MEDIO DEL TESTIMONIO DE VIDA.

NOS ENCOMENDAMOS A SANTA MARÍA DE GUADALUPE ROSA MISTYCA Y A JESÚS EL BUEN PASTOR, PARA QUE NOS GUÍEN Y ACOMPAÑEN.


lunes, 3 de diciembre de 2012


EL ADVIENTO

El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo más próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.

El término "Adviento" viene del latín adventus, que significa venida, llegada. El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado. Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico en la Iglesia.

El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor. Se puede hablar de dos partes del Adviento:

Primera Parte
Desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos.

Segunda Parte
Desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana Santa" de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en las historia, la Navidad.

Las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesias ofrece a los fieles para preparar la venida del Señor Jesús.